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4. Sin batallas no hay victoria

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La Guerra del creyente - 4
“Sin batallas no hay victoria”
Texto: Hebreos 12:1-5


I. Introducción

A. Efe 6:11, “Vístete de toda la armadura de Dios, para que puedas estar firme contra las asechanzas del diablo.” Aprendimos el sábado pasado que identificar al enemigo requiere un alto grado de discernimiento espiritual.

1. “Discernimiento espiritual” es la capacidad obrada por el Espíritu de Dios para poder percibir el modus operandi de Satanás quien nos “asecha,” según S. Pablo y que “anda como león rugiente buscando a quien devorar,” según S. Pedro (1 Pedro 5:8).

2. Hablando del león rugiente y sus estrategias de ataque, fui acertadamente corregido por Ivoncita el sábado pasado que no es el león macho el que ataca a su presa, sino la hembra.

3. Esa aclaración de Ivoncita remacha el punto sobre las estrategias de Satanás: él no hace el trabajo personalmente, no se te aparece con cola, cuernos y un trinche en la mano; Satanás tiene sus agentes, agentes que no discriminan ni por edad o por sexo, ni por nivel de educación o por espiritualidad.

4. ¿Cuál su propósito en su plan de ataque? ¿Recuerdan los que identificamos el sábado pasado?: desanimarte, separarte de Cristo Jesús, apartarte de la iglesia, apartarte de la comunión con los hermanos, causar división entre hermanos en la fe, dividir familias y aun quebrar lazos entre esposos.

5. Descubrimos que es capaz de vestirse como “ángel de luz” (2 Cor 11:14). Es capaz de usar agentes humanos para hablarte de cosas espirituales que parecen verdades eternas, pero cuyo resultado es dividir, desanimar, y eventual separarte de Cristo y de la iglesia.
B. ¿Tuviste alguna victoria esta semana? ¿Fuiste capaz de activar tu discernimiento espiritual para percibir los ataques del enemigo?

1. ¿Tuviste alguna derrota esta semana? ¿Fuiste vencido por el enemigo en algún momento en que no supiste distinguir sus asechanzas?

2. Estamos en guerra. Hay dos poderes en lucha y ambos te reclaman. El enemigo te reclama, y tiene poder, pero Cristo también te reclama y gloria a Dios que él tiene más poder. La Biblia habla de un enemigo que ya fue derrotado en la cruz.

3. Preparación, la necesidad de toda la armadura de Dios y la necesidad de identificar el enemigo: tres herramientas del plan de defensa divino contra los ataques del maligno.

4. El tema de hoy toca en las dos últimas herramientas de defensa en esa guerra: 1) tu habilidad en discernir la batalla aproximarse, y sobre todo saber escoger qué batallas pelear, y 2) la necesidad de luchar hasta la victoria.

C. Los ataques del maligno se manifiestan de infinitas y variadas maneras. Es una batalla para vida eterna o muerte igualmente eterna. Tienes que activar tu discernimiento espiritual para poder identificar los planes de ataque.

1. Ese don de discernimiento espiritual para identificar al enemigo tiene que estar activado 24 horas al día, siete días por semana. No es opcional, no es temporal, no toma vacaciones; el enemigo es igualmente insistente.

2. Muchas veces el plan de ataque es sutil, no es abierto. Hace a muchos creyentes sentirse satisfechos en la manera como viven su vida cristiana. Inyecta un sentido de conformidad.

3. Vengo a la iglesia, me siento en el lugar acostumbrado, me pongo de pie cuando me lo indican, me siento cuando me sientan, salgo cuando me piden que salga, regresamos a casa, y con eso creemos haber cumplido con los deberes de la religión.

4. No hay nada más peligroso que ese sentido de conformidad. No me malentiendas. Yo me alegro y Dios se alegra que hagas de la asistencia a la iglesia un hábito, sin embargo, las cosas no pueden ser solamente así.

5. Eso no es el todo de la religión. Las cosas no pueden ser como eran antes de conocer el evangelio, cuando pensabas que al cumplir con la misa semanal habías cumplido con Dios, hasta la próxima misa, mientras en el resto de tu vida todo era igual.

II. La batalla

A. Desde el día que aceptaste a Cristo como Salvador personal y fuiste bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, eres un conscripto en el ejército de Cristo.

1. Y de paso, si no haz sido bautizado tienes que hacerlo para ser salvo, pues la Palabra de Dios dice que “el que crea y sea bautizado éste será salvo” (Marcos 16:16).

2. No me estoy refiriendo al bautismo por aspersión, donde te echaron agua en la cabeza y ni siquiera te recuerdas. Estoy refiriéndome al bautismo bíblico, al bautismo por inmersión, cuando todo tu cuerpo es sumergido en agua y resucitas a vida nueva.

3. Desde el día que te bautizaste entraste en el campo de batalla. Desde ese día comenzó la lucha por tu alma entre Cristo y Satanás. El enemigo hará de todo para desanimarte, te deja que vengas a la iglesia, permite que te sientes semana tras semana sin hacer nada por Cristo.

4. El enemigo susurra un montón de mentiras en tu oído. Usa a ciertas personas para que te llamen por teléfono y te cuenten esto o aquello, “¿sabes lo que dijeron de ti?, ¿sabes lo que oí? Es él. Reconoce su voz.

5. Despierta. Activa tu discernimiento espiritual. Date cuenta lo que quiere hacer de ti. Cuando suene el teléfono y escuches la voz, identifícalo. Dile, “retírate Satanás” (de paso, a Satanás no le gusta que lo llames “Satanás.” Te aseguro que no te va llamar nunca más).

6. Cuando tú respondes y entras en el juego del enemigo y comienzas a hacer comentarios, ya no es solo Satanás, ahora hay dos diablos platicando.

B. El Señor no puede tener la victoria a menos que tú cedas a él el control de tu vida. El control, sí; así como el control de la TV te da la libertad de hacer con la TV lo que quieres, el Señor quiere el control de tu vida para poder hacer contigo como él quiere.

1. Y de paso, cuando le das al Señor ese control, creo que también él toma el control de la TV y otros aparatos. Me canso de escuchar predicadores atacando a objetos inanimados como “el cajón del diablo.” El problema está en la voluntad humana y el control divino, no en aparatos que no tienen sentimientos.

2. Hay una guerra abierta y declarada contra ti. La lucha por tu mente, por tus pensamientos, por tus decisiones, por tu eternidad está siempre en juego en todo momento y en todo lugar, en la casa, en el carro, en el trabajo, en la escuela. El maldito anda siempre stalking you (asediándote).

3. Satanás no cesa. He visto a Satanás lograr su objetivo aun cuando una pareja (que ni novios eran) salieron a dar estudios bíblicos, cayeron haciendo las cosas del Señor.

4. “Ay, mal pensados, si andamos haciendo las cosas de Dios,” recuerdo fue su primera reacción cuando alguien les dijo que tuvieran cuidado. ¿Qué dice la Palabra en 1 Cor 10:12? “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga.”

B. Es posible que haya más de uno hoy aquí que me está escuchando hablar de la guerra del creyente y se pregunte, “¿de qué está hablando el pastor? No le entiendo. Pobrecito, debe estar bajo mucho estrés.”

1. Estoy hablando de la cuarta herramienta en la guerra cristiana: Nuestra necesidad de percibir que estamos en guerra. La guerra se compone de muchas batallas. Hay batallas que pelear todos los días.

2. Hay algunas batallas que son necesarias hacerles frente, cuando hay que identificar al enemigo y encontrar un plan de escape, sin embargo, hay otras batallas que es mejor ignorarlas.

3. Las batallas con tu mujer, por ejemplo, no las ignores. A esas hay que hacerles frente. Esas son de verdad. Es mejor que te detengas y pongas atención, porque si no lo haces, esas son las batallas que generalmente pierdes.

4. Pero hay otras que es necesario ignorar, porque de otra manera, el darles atención, te paralizan en tu vida espiritual. Permíteme ilustrarlo: un cargo en la iglesia donde te toca dirigir un grupo de personas.

5. Voy a hablar de mí. En mi posición pública, en mi posición donde tengo que lidiar con tantos caracteres diferentes, ideas diferentes, posiciones diferentes, gustos diferentes, y hasta creencias diferentes, uno queda, queda blanco fijo a comentarios, indirectas, notas anónimas, mensajes telefónicos, y a veces algunas critiquillas.

6. ¿Sabes qué? A esas batallas no le entro, las ignoro. Van con el territorio. Hace tiempo aprendí como a escoger cuáles batallas pelear.

7. Conozco a líderes, en todos los niveles, que se la pasan espantándose los ataques que van con el territorio. Si tú aceptaste algún cargo para servir al Señor, o tratas de hacer lo que el Señor te indica, la guerra se soltó. Acéptalo, viene con el territorio.

III. Luchar hasta la victoria
A. Como alguien que asecha, el enemigo conoce tus lados más frágiles y por allí te va atacar. Sabe, por ejemplo, que tus sentimientos son fácilmente heridos, sabe que tu genio es fácilmente encendido, sabe tus debilidades morales, sabe todo. Te estudia, te asecha y te ataca.

1. En cuanto al servicio del Señor se refiere, por ejemplo, el enemigo quiere paralizarte y mantener tus talentos adormecidos. Si haz entrado en el ejército del Señor tienes que hacerle frente al enemigo. Permíteme ilustrártelo de esta manera:

- Te llamaron para jugar fútbol, pero no en cualquier equipo. Te invitaron a jugar a nivel mundial. Vas a ser parte de la selección mexicana en la próxima copa mundial (90% de los miembros de la iglesia del pastor Camarena son de origen mexicano).

- Te presentaste, te dieron tu uniforme y tu número. Comienzan los entrenamientos, pero te quedas en la banca. Te preguntan por qué no entrenas, “no me quiero lastimar.”

- Comienzan las eliminatorias. Allí estás tú, uniformado, pero te niegas a entrar en campo por miedo a que te critiquen por no aprovechar bien una jugada. La selección mexicana comienza a ganar. Llega a octavas, luego cuartas de final, y hasta semifinales.

- Hasta allí no haz querido entrar en campo ni una sola vez. ¡Adivina qué! La selección mexicana llega a la gran final (estoy soñando, pero nadie me ha dicho que es pecado soñar). Te piden que entres al campo y dices, “no, gracias, tengo miedo regarla. Aquí estoy bien.”

- A través del torneo haz visto a algunos de tus colegas lastimados, algunos ser sacados en camilla, y le dices a tu compañero, “¿ves por qué no juego?”

- Te sientes conforme ver desde la banca y quien sabe, de vez en cuando haces algunas críticas a un colega por no haber aprovechado un pase. Pero, ¿qué crees? ¡La selección gana la copa mundial!

- A la hora de dar los premios individuales te pones en la fila para recibir el tuyo. Pero no hay premio. No hubo lucha. No arriesgaste nada. Al no entrar en la batalla por temor a ser lastimado fuiste apenas un fanático de tribuna. Solo el que luchó, arriesgó y quizá se lastimó, lleva el laurel de la victoria. A esto es lo que la Biblia se refiere cuando habla de “sufrir por Cristo” (2 Cor 1:6-7; Gal 6:12).

B. El arma más poderosa del enemigo en la batalla no es en la búsqueda de una descarada mundanalidad, la busca a través del descuido espiritual. El arma más poderosa del enemigo no es hacer de ti un abierto violador de la ley de Dios. Te sugiere, te susurra y te convence que no vale la pena luchar.

1. Lo que el enemigo desea es que no te des cuenta que existe una batalla, que te conformes con tu vida cristiana mediocre, que seas indiferentes al estudio de la Palabra, que descuides la vida devocional personal y de los hijos.

2. Nos recuerda una vez más en Efe 6:12, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

C. Sabiendo bien que estamos en guerra Dios pone a nuestra disposición la artillería necesaria. Efe 6:11 nos habla de la gran paradoja divina, “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

1. Dios tiene todo el poder, pero está en mí y en ti hacer uso de ese poder. Te lo ilustro de esta manera: Recuerdo haber ido a una pelea de campeonato mundial de box con mi hermano mayor cuando tenía unos 12 o 13 años. La pelea era entre un campeón mexicano, quien defendía su cinturón, y un afro-americano.

2. Recuerdo ver al boxeador mexicano agarrarse de la cuerda con una mano, poner una rodilla en la lona y hacer la señal de la cruz. En mi ingenuidad le pregunté a mi hermano, “¿crees que eso le va a ayudar? – Le ayuda si vino preparado,” me respondió.

3. El boxeador mexicano, favorito en las apuestas, perdió por nocaut en el cuarto asalto. ¿Qué pasó? Subestimó la capacidad del enemigo. No se preparó adecuadamente, ¿como consecuencia?, perdió.

4. ¿Para qué sirve el poder divino si no haces uso de él? ¿De qué sirve una Biblia si se mantiene en el tocador hasta el próximo sábado?

5. El poder de Dios es cuestión de disponibilidad y apropiación. Está disponible, lo que necesito es apropiarme de él. Esto me recuerda a algunos maridos cuando llegan hambrientos del trabajo.

6. Están muertos de hambre. El refrigerador está lleno. Hay comida hecha, pero hay un problema, la mujer no está en casa. Regresa tarde del trabajo ese día. Allí está, haciendo rabias de hambre. Lo único que necesita es calentar la comida, pero no, espera que la mujer llegue y todo malhumorado.

7. Así andan algunos incautos sin poder. Allí está. Disponible, pero no se apropian de él por sí solos. Esperan que el maestro de la Escuela Sabática o el pastor los alimente hasta el próximo sábado, mientras tanto andan hambrientos durante la semana.

D. Recuerdo bien cuando me inicié en el ministerio y le pedí a Dios que me diera poder, que me protegiera, que me diera la victoria sobre las tentaciones, que me indicara como guiar a mi familia.

1. La respuesta de Dios fue y es siempre clara y distintiva: “Todo el poder que quieras está disponible. Tú decides cuánto quieres.” Él siempre ha respondido conforme a como yo he respondido a lo que él tiene para ofrecer.
2. Cuando Dios “falló” fue porque primero yo fallé. En el Salmo 46:1 encontramos, “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Claro, pero tienes que ir a él.

2. El Salmo 91:1 nos dice, “El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.” Claro, pero tienes que quedarte bajo su abrigo.

4. Efe 6:10-13, “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.”

5. Ahora lo sabes. “Conságrate a Dios todas las mañana, haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: ‘Tómame ¡oh Señor! Como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora en mí y que toda mi obra sea hecha en ti.’ Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él para que sean ejecutados o abandonados según lo indiquen su providencia. Así día a día sea puesta tu vida en las manos de Dios y será semejante a la de Cristo.” El Camino a Cristo, página 4.

7. Cantemos juntos, “Fija tus ojos en Cristo…”

8. Llamado y oración…

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